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Viernes, 13 de Enero de 2012 17:49

El estrés lleva al enevejecimiento prematuro

por  Testigo Directo
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El Dr. Andrés Lucena habla del estrés en el libro "Deten el tiempo".

Pilar Z, es una mujer de 43 años. Hasta hace cuatro años era una destacada profesional en el ámbito de la medicina. La empresa de salud del estado en la que trabajaba fue liquidada y ella decidió y vio necesario para afianzar sus conocimientos, lograr mayores ingresos y posición: Especializarse. Así que tomo sus ahorros y se dio un año y medio sabático para lograrlo. Pago una fuerte de suma por el posgrado y se mantuvo estable económicamente. Terminados sus estudios se dedico a buscar empleo, han pasado dos años y medio de ello y no lo ha logrado.

Lo ahorrado se terminó, y el teléfono comenzó a sonar, el mismo día que la cuota de su apartamento no pudo ya pagar, el banco la asfixiaba, hasta 20 llamadas al día si no respondía, grabaciones en su teléfono fijo, las altas cuotas de la tarjeta de crédito se pusieron al tope pues con ella salía de afanes económicos, la manutención de su hija y el solo hecho de sobrevivir, se le convirtió en un callejón sin salida. Comenzó a dejar de dormir, intensificó el consumo de cigarrillo, subió 40 kilos pues se dedico a comer todo lo que se atravesaba en su camino, dejo de taparse sus primeras canas y cano completamente. ¡Se opacó! y dejó de mirarse al espejo, mientras quienes la rodeaban se preocuparon notablemente, pues de aquella mujer bella, talentosa, prospera y segura, no quedaba absolutamente nada. Hoy por hoy, casi que obligada, pues ya no tiene como pagar una eps, recibió de parte de una buena amiga invitación para visitar al especialista. El Dr. Andrés Lucena, único médico especializado en medicina anti envejecimiento y medicina preventiva, quien aceptó su caso. Pilar con mínima fe comenzó su tratamiento, dos meses después ya ha bajado diez kilos, tinturo su cabello, camina dos horas diarias y su sistema ha comenzado a entender que estaba sometida a un muy alto nivel de estrés que logro este deterioro progresivo. Para febrero del 2012 le han prometido un excelente cargo y espera ahora sí volver a comenzar una nueva vida-

Lo cierto de todo esto, aunque parezca increíble es que como nuestra amiga, existen miles y quizás millones de colombianos que viven el absorto estrés que produce la crisis de nuestro país, pero como dicen por ahí lo importante es no perder la fe y menos permitir que la vida nos quede grande. La medicina ha evolucionado notablemente y bien cierto es, que todos los seres humanos tenemos la potencialidad de vivir alrededor de 120 años. La medicina anti edad es la respuesta para que todos podamos alcanzar este objetivo con calidad de vida y no postrados en una cama sin saber quiénes somos y convertidos en una carga para la sociedad. Para lograrlo, podemos hacer cosas muy sencillas que están a nuestro alcance para optimizar las funciones de nuestro cuerpo y mantenerlo saludable, previniendo la aparición de las enfermedades crónico-degenerativas, que son las últimas que nos matan.

Increíblemente pero la veracidad de conceptos como: «somos lo que comemos» y «los alimentos son nuestra medicina» son milenarios. Hemos observado que la gente que consume más frutas y vegetales tiene menos cáncer, menos enfermedades cardiovasculares, menos enfermedades neurodegenerativas, etc., y sabemos que las enfermedades crónicas se asocian al incremento de la producción de radicales libres (estrés oxidativo) y que las frutas y vegetales son ricos en antioxidantes. Por lo tanto, los antioxidantes deben prevenir estas enfermedades neutralizando directamente estos radicales libres, lo cual es parcialmente cierto, ya que hoy sabemos que algunos compuestos derivados de frutas y vegetales alteran la expresión de genes en el cuerpo humano, entre los que se encuentran compuestos biológicamente activadores de genes (sirtruinas) implicados en el incremento de la longevidad demostrada de la restricción calórica. Lo primero es poner en nuestros platos un arco iris de frutas y vegetales orgánicos de todos los colores, que son los que tienen todos los antioxidantes y compuestos que activan nuestros genes buenos y no consumir nada blanco, como harinas procesadas y dulces, que son los venenos que activan nuestros genes malos. En segundo lugar, está el ejercicio, que todos podemos hacer y para el cual sólo necesitamos un buen par de zapatillas de deporte. Está comprobado que sólo se necesita caminar, de forma rápida, tres o más veces a la semana durante 45 minutos para activar esta fabulosa medicina antiedad que disminuye el riesgo del cáncer, la enfermedad cardiovascular, la diabetes y la obesidad, la depresión, la osteoporosis y enfermedades osteoarticulares.

En tercer lugar, todos debemos conocer cómo están los niveles de nuestras hormonas (sexuales, DHEA, cortisol, hormona de crecimiento, tiroideas), ya que éstas empiezan a disminuir a partir de los 30 años, y esto le da la señal a nuestro cuerpo de que ya empezamos a envejecer. Así mismo, esta situación se correlaciona con la aparición de las enfermedades crónico-degenerativas. En cuarto lugar, debemos conocer la carga tóxica existente en nuestro organismo a través de exámenes de cabello, sangre y orina que determinan el nivel de sustancias tóxicas como el mercurio, plomo, aluminio etc., e instaurar un programa guiado por su médico de desintoxicación. Como también, debemos mantener un buen funcionamiento del intestino, impidiendo o corrigiendo el síndrome de intestino poroso causante de enfermedades autoinmunes.

Por lo tanto, corrigiendo el estrés oxidativo y la inflamación, devolviendo nuestras hormonas a los niveles de nuestros años jóvenes con hormonas bio idénticas, mejorando la respuesta al estrés, regulando la glucosa y la insulina, desintoxicando nuestro cuerpo y mejorando nuestro sistema inmunológico, podemos afirmar, sin ninguna duda, que hoy en día se pueden aumentar los años de vida saludable y productiva.

¿Existe algún tipo de relación entre las hormonas y el estrés?

ANDRES LUCENA: El estrés nos acompaña en muchas situaciones de la vida moderna, un estrés prolongado y repetido, ya sea bueno o malo, nos hace envejecer más rápido, ya que compromete el equilibrio de todos nuestros sistemas orgánicos y produce reacciones que terminan por provocar daños. Al prolongarse el estrés, los niveles de hormonas importantes como el cortisol, las sexuales y tiroideas bajan considerablemente, y las reservas y la producción de nuevas hormonas disminuye poco a poco. El cuerpo y las glándulas endocrinas sufren, lo que provoca la aparición de signos de deterioro en los tejidos, y la fatiga y la ansiedad se vuelven permanentes.

Las personas que presentan un déficit de cortisol (la cual se puede medir su nivel por medio de un examen de saliva, que se analiza en laboratorio especializado, reportando la elevación del mismo y por lo tanto es más fácil de esta manera tratarlo medicamente) y estrés crónico sufren sus consecuencias en sus pensamientos y emociones, sobre todo en situaciones de mucho estrés. Éstas se manifiestan como ansiedad extrema y ataques de ira, y terminan en depresión. Esto se debe a la producción excesiva de adrenalina y otras catecolaminas (son liberadas en la sangre durante momentos de estrés físico o emocional. Las mayores catecolaminas son: dopamina, norepinefrina y epinefrina que solía llamarse adrenalina). que causan un shock inicial y luego, al gastarse, una depresión y cansancio extremo. Por otro lado, al haber un déficit de cortisol, la persona experimenta una baja de azúcar o hipoglicemia, lo que la obliga a comer dulces o azúcar. Esto hace que aumente la insulina por una mayor demanda de energía en las células y el azúcar en la sangre vuelve a caer. De tal forma, la persona vuelve a comer dulces, lo que incrementa los problemas de sobrepeso y obesidad. Así se forma un círculo vicioso de estrés, hipoglicemia, comer azúcar y engordar. Recientes estudios han encontrado que el cortisol estimula unas enzimas en las células grasas que aumentan el depósito de grasa visceral. También, por la falta de cortisol, que es el antiinflamatorio natural del cuerpo, la persona empieza a sufrir de diversas «itis», desde rinitis hasta colitis, por la falta del efecto antiinflamatorio de esta hormona.

El estrés excesivo es dañino para todo el cuerpo. Puede ser la causa primaria de acné, eccema (Trastorno crónico de la piel que cosiste en erupciones que botan escamas), psoriasis (Brotes), picazón en la piel, caída del pelo, sudor excesivo, rosácea (Enrojecimiento de la piel), caspa, herpes oral y urticaria. También puede producir insomnio, comer en exceso, fumar y beber, lo cual termina afectando de manera secundaria a la piel.

En la piel también pueden aparecer manchas debido a que el estrés prolongado produce deficiencia de cortisol y de ACTH. En un esfuerzo por compensar esta pérdida, se estimula en exceso la glándula suprarrenal, que también produce melanina (hormona encargada de la pigmentación de la piel), lo que tiene como consecuencia una híper pigmentación o manchas.

El estrés puede afectar también al cabello, produciendo una caída inusual, adelgazamiento o un problema de producción del mismo.

Con altos niveles de estrés, ¿envejecemos más rápidamente?

AL: Una persona sometida a mucho estrés envejece rápidamente y los signos de envejecimiento aparecen sin darse cuenta: el pelo se encanece y se cae, las arrugas aumentan día a día, la calidad de la piel se degrada, el cansancio es continuo con gran sufrimiento interior... Indudablemente, todos los estudios son contundentes y demuestran que el estrés crónico y prolongado desarrolla la aparición de todas las enfermedades crónicas degenerativas y aumenta la mortalidad por cualquier causa.

¿Qué hacer para combatir o controlar el estrés?

AL: Lo primero que tenemos que hacer es modificar nuestro estilo de vida, que es lo que nos lleva a enfermarnos. Debemos eliminar la causa y los factores que agravan la enfermedad. Las adrenales no pueden curarse de la fatiga si no se les da la oportunidad de descansar. Tenemos que minimizar el estrés perjudicial de nuestra vida y sacar de nuestra mente los sentimientos de minusvalía, que son los que más nos debilitan. Cada uno de nosotros sabemos qué es lo que nos conviene y lo que nos perjudica. Necesitamos vacaciones.

El síntoma principal del estrés crónico es la fatiga y debemos saber cuál es la causa, qué nos quita la energía. Quizá sea alguna persona, nuestro trabajo, nuestra casa, el medio ambiente, nuestra alimentación. Debemos actuar y tomar distancia. Tenemos que aprender a relajarnos; al hacerlo, cambiamos una respuesta nerviosa autónoma simpática (de excitación) por una parasimpática (de relajación), que disminuye la frecuencia cardíaca y respiratoria, aumenta la oxigenación, relaja nuestros músculos y reduce la presión arterial.

Ésta es la cultura de la represión y de las emociones reprimidas, lo que lleva a la enfermedad, que, como vimos, aparece determinada por factores emocionales que generan una química tóxica en nuestro organismo, que además deteriora la salud en todos los aspectos. Ésta es la cultura de la desconfianza, del desamor, de la separación y de la inseguridad.

Para contrarrestar esta terrible realidad, debemos darle a nuestra vida una gran dosis de espiritualidad: un tiempo con nosotros mismos, de quietud, de soledad, de meditación, de pausa y silencio todos los días; darnos un tiempo para sentirnos a nosotros mismos. El combustible óptimo y perfecto de la unidad es el amor incondicional natural y una actitud positiva frente a la vida. Debemos retornar a la comunión con la naturaleza y ser uno con ella. El amor nos da seguridad y unidad.

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